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domingo, agosto 03, 2008

Sapiencia geriátrica

Hoy les traigo otra historia más del cuentista Mario Emilio Pérez extraído de su columna en el periodico El Nacional. Siempre me rio muchisimo con sus fabulosas y comiquisimas historias sobre la cultura dominicana. Este hombre es lo que yo considero un verdadero "montro"...

El cuento de hoy trata sobre el secreto que esconden los viejevos dominicanos... check it out:

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Sapiencia Geriátrica
Era muy joven cuando asistí como invitado a la celebración del cumpleaños de un condiscípulo del bachillerato en su residencia en el sector capitaleño de Villa Consuelo.

La fiesta era bailable, y quedé sorprendido al ver que una joven hermosa, con más curvas en su cuerpo que en el repertorio de un pitcher de Grandes Ligas, rechazaba la invitación a bailar de un jovenzuelo, para de inmediato aceptar la de un hombre con apariencia de septuagenario.

Pensé que la situación se originó porque el anciano era un diestro danzarín, pero comprobé que era un bailador común y corriente, mientras el mozo víctima del desaire mostró un amplio repertorio de pasos pisando un merengue con una extraflaca muchacha.

Ante ese panorama me puse a detallar al añejo y vi que era de baja estatura, y que a pesar de que no era gordo, mostraba la clásica barriguita de aquellos que tienen algo más de quince años de edad.

Me fui entonces a la posibilidad de que el vetusto caballero tuviera una situación económica de vigor aurífero, pero el condiscípulo me informó que calificaba para la condición de semidesbaratado.

Esto significaba, más o menos, que sus ingresos alcanzaban para las tres comidas, escaso ropaje, y una que otra botella de ron o cerveza criollos.

Frente a estos datos, creció mi sorpresa al ver que el portador de la pesada carga añeja era abrazado y besado por varias mujeres, las cuales se disputaban el placer de bailar con él desde un romántico bolero hasta una movida guaracha.

Intrigado, aproveché que el pasado meridiano salió hacia la galería de la casa, y sin preámbulo protocolar le pregunté a cuáles razones atribuía su éxito con el erróneamente llamado sexo débil.

Sonrió halagado frente a la dosis de egocilina, y tomó de inmediato la palabra.

- Una de las escasas ventajas de la vejez en el hombre es que las mujeres, convencidas de que estamos fuera de servicio en el área puteril, nos prodigan toda clase de caricias asumiendo que no corren ningún riesgo. Lo que muchas ignoran es que en ese aspecto, vejez significa disminución, no desaparición.

El anciano se vio obligado a suspender la clase de mundología porque una mulata, generosa de pechuga, prácticamente lo arrastró hacia la improvisada pista de baile.
(Escritor y Sociólogo dominicano)
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